-No quiero que nadie me mire a esta ni a ninguna hora, ni aquí ni en ningún lado.
-¿Cómo dice? -Pregunta el camarero con aires de pingüino ingles, sin cambiar de gesto.
-Tráigame una pequeña, bien fría, por favor.
-¿algo más?
-Sueño con volcanes en erupción, que brotan lava de la tierra como mujeres que convulsionan entre miles de orgasmos distorsionados.
-¿Qué? –replica el camarero, frunciendo el seño como quien espera una mala noticia.
-Que nada más caballero, eso es todo, gracias. -Responde sin pudor mi sobriedad.
Me tomo mi cerveza mientras le doy la espalda a la pista de baile esperando que la tierra se abra y se la trague con todos los idiotas que si tienen una mujer al lado para disfrutarla. Sigo viendo el vaso roto que hace unos minutos deje caer y oculte debajo de mi mesa, y sigo sintiendo la mirada de todos aquí, como si el vaso les hubiese contado de mi crimen y estuviesen esperando para echármelo en cara.
No tengo valor para enfrentar nada. Creo que es culpa de la soledad, la soledad nos hace susceptibles, cobardes, temerosos del mundo, pues nos sentimos perseguidos. Gracias a dios a alguien se le ocurrió que el alcohol seria buen negocio para ponérmelo tan cerca.
Termino mi cerveza de un solo trago, pago. Al darme la vuelta, la pista de baile continúa ahí. Respiro profundo, me siento fuerte, grande; atravieso la pista con rumbo fijo caminando entre la gente. “Tú lo que quieres es bailar” le digo a la morena del vestido de flores, a la vez que la atrapo por la cintura, envalentonado con el calor animoso de las cervezas. “Llevo toda la noche esperándote” me susurra ella pegándose fuertemente a mi, mientras las luces de neón me miran mordiéndome los labios.
Las luces tintinean, indecisas, creando rincones ansiosos de oscuridad. La música, anónima, no estorba, aunque parece acompañar a la película equivocada. Doy otra vuelta a la atractiva joven que acabo de conocer, haciendo volar su vestido de flores y ella, cuando me descubre aquí, medio borracho y asomado a su escote perfecto, casi babeando entre suspiros, se arrima aún más cerca, sonriente, con un notable descaro, con ese mismo estilo de mortificadoras que tienen las mujeres dominicanas. Ella marca con su entrepierna la dirección del baile, tatuándo un rastro invisible que persigo como si fuera la única salida en el laberinto de todos mis miedos. Entonces, ella me coge de la mano y me arrastra fuera de la pista hacia la intimidad de una de las esquinas cerca de las ventanas.
El humo artificial y la oscuridad camuflan el encuentro. Mis zapatos parecen pesar aún más, agarrados al suelo pegajoso. Ella comienza a recorrer mi cuello con profundos besos, mientras me guía con la mano de vuelta a su irresistible y generoso escote. Hasta donde se realizan todos mis sueños.
Excitado, loco, lleno, derramándome alucinado, logro notar como su pezón se endurece poco a poco entre sus dedos. “¿Te gustan mis tetas?”
No digo nada, no respiro, no permito que otro segundo pase, los beso, los chupo, los inhalo, fundimos nuestros cuerpos y ella, atestiguando la magnífica erección de la que soy dueño, me susurra despacio al oído:
-Sueño con volcanes en erupción, que brotan lava de la tierra como hombres que convulsionan entre miles de eyaculaciones distorsionadas.
Con el cabello revuelto y la cerveza calentándose en mi mano, levanto levemente mi cabeza al divisar entre penumbras bizarras y el tintineo desgarrador de las luces, al camarero quien se acerca a preguntarme si ya no voy a ordenar nada más. El cigarrillo casi apagado, atenuado por el oxigeno que lo ha consumido, asoma un signo de interrogación a sus cenizas.
"No quiero que nadie me mire a esta ni a ninguna hora, ni aquí ni en ningún lado"
Grita una voz interna entre los apagones misioneros de mi mente, y la vuelta de la comisura de la columna vertebral de mi timidez.
lunes, junio 02, 2008
El delito enmarañado
Publicado por Gabriel del Gottó en 3:49 PM
Etiquetas: Cuentos - Minotauros
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8 comentarios:
Admiro la forma en que ilustras con palabras cada una de las escenas, cómo las entrelazas con un suspenso mortificante y desencadenas en un sorpresivo final.
Y no sé cómo logras hacerlo, pero me transportaste a la historia. Fue como si estuviera con ellos ahí: saboreando cada trago, sintiendo el éxtasis en mi piel, viviendo el momento hasta que con un chasquido el sueño llegó a su final.
¡Vaya forma de describir la timidez que arropa a tantas personas!
la pista sigue ahi mimito
mas cerveza, señor camarero
Lo mejor de todo.. el alcohol solo te nubla la vista, el cigarrillo , corta tu respiracion y la pista .. si no la enfrentas : seguira en tus espaldas.. Mejor ve y hazte dueño de ella!!!!
Unos senos erectos bajo un vestido pavoroso y excitante solo sacian un volcan a la vez pero no controlan la lava..
Me gusto mucho :)
De lo mejor que te he leído Gabriel. Me alivia saber que a su manera, los hombres son también vulnerables.
Me encantan tus relatos. Tienes esa condición de tocar con tus palabras eso humano que somos, ni buenos ni malos...humanos.
Cla! Cla! Buena alquimia de palabras y verdades humanas.
-Sueño con volcanes en erupción, que brotan lava de la tierra como hombres que convulsionan entre miles de eyaculaciones distorsionadas.
LoBA
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