En Republica Dominicana, ya casi nadie, -al menos nadie que conozco, usa aun el correo tradicional, por eso me encontré tan rara la sorpresa de una carta dirigida a mi, en la puerta de mi casa. La carta que encontré, mas que rara por ser del correo tradicional era rarísima en si: un pasaje de autobús Metro, una dirección escrita en un papel (y que correspondía con un elegante Hotel en Punta Cana), una invitación para la presentación de un libro escrito por un italiano del que no podía leer su nombre (pues había sido tachado con un rotulador negro), una nota, escrita a mano, donde se leía que “sin duda, acudir a este evento te reparará una gran sorpresa que jamás podrás olvidar” y dos billetes de 2000 pesos. Que raro todo esto.
-Voy a ir a esta vaina –le dije a mi novia de aquel entonces.
-¿Y, tu no crees que eso esta demasiado raro? ¿No tienes miedo?
-Sí, mi amor. Pero estoy en una fase espiritual en la que valoro más las papeletas de 2000 pesos que mi propia vida.
Tras una hora de viaje, llegué al elegante complejo “Cap Cana”, situado en el prestigioso casco de Punta Cana. En la puerta, había una relaciones públicas que estaba más que buena, buenísima, contratada por los organizadores del evento, esperándome.
-Hola –le saludé-. Vengo a la rueda de prensa del escritor italiano. No sé cómo se llama. En mi invitación aparece su nombre tachado con un rotulador negro. Mire.
-¿Carlos Fernández? ¿Su seudónimo es Gabriel del Gotto?
-Sí. Ese soy yo.
-No, me refiero al nombre del escritor italiano. Él se llama Carlos Fernández.
-Qué nombre más raro para un italiano. Yo me llamo igual. Bueno, casi. Carlos Gabriel Fernández.
-¿Carlos Gabriel Fernández?... Usted se llama igual que el escritor italiano que presenta el libro hoy.
-¿En serio? ¡Qué casualidad!
-No tanta… el escritor italiano nos dijo que usted vendría… y que le invitáramos a subir a su habitación en cuanto llegara. Es la habitación 1408. Suba, por favor. Él le espera.
-¿Me acompaña?
-No. Nos pidió que subiera usted solo.
Cada vez más extrañado, subí hasta la habitación del escritor italiano que también tenía mi nombre y apellido. O yo los de él. Cuando le vi, quedé perplejo: tenía mi misma cara: no sólo eso. Era yo. El escritor italiano era yo mismo: sólo que con más años, mucho más viejo: yo con 55 años. El shock de encontrarme conmigo mismo, pero con 35 años de edad, casi provoca que, de la impresión, perdiera el conocimiento.
-Huye del jugo de champola –me dijo-. Nunca se te ocurra comer una.
-¿Cómo? –pregunté con el corazón a mil por hora.
-El jugo de champola dentro de tu estómago, Carlos Fernández, hace que viajes al pasado –explicó.
-¿Cómo?
-Yo soy tú. Pero más viejo.
-¿Cómo?
-Ocurrió en el año 2003. Caminaba por la calle cuando vi una señora vendiendo jugo de champola. Ya sabes que por aquel entonces habíamos descubierto el Internet y comenzábamos a grabar videos tontos con la web cam. Compre dos jugos de champola por la sed que tenia al caerle atrás a un perro viralata con la cámara y tratar de hacer un video divertido con eso. Lo siguiente que supe, es que desperté en 1988, con 35 años en la cama de una casa donde aun no vivía. Me desperté justo el día en que nacimos: el 18 de marzo de 1988.
-¿Cómo?
-No escondo que fue una experiencia traumática para mí. Corrí hasta la “Clínica dr. Betances”, lugar donde nacimos. A los dos días vi salir de ella a nuestra madre, conmigo en brazos. Me puse a llorar. ¿Qué podía hacer? ¿Contarle a nuestra madre que ese niño que tenía en brazos era yo dentro de 55 años? ¡Aun presentando pruebas genéticas no hubiera solucionado nada! Por supuesto que bebí más jugo de champola pero, salvo una indigestión que me costó horrores explicar al médico, no conseguí nada. Así que tomé una decisión: olvidarme de Santo Domingo, ciudad donde nacimos, y marchar para siempre a una ciudad de Europa: sin volver a mirar atrás. Sólo regresé a Santo Domingo una vez. El día de 2003 que ibas a pasar por la calle donde yo compré el jugo de champola. Pase minutos antes de que pasaras tú y compré todo el jugo de champola disponibles que había en esa tienda. Cuando, minutos después, entraste en esa tienda, al no haber jugo de champola, te dio por comprar un jugo de avena con chinola, que según supe te dio diarrea.
-¿Y por qué me descubres todo esto ahora?
-Me había olvidado de ti. Tuve mi propia vida: terminé tres carreras universitarias: soy un prestigioso abogado, profesor de literatura y de filosofía. Me casé con una sueca, llamada Naam, que murió hace unos años de una complicación pulmonar, tuve hijos, nietos. Soy un prestigioso músico y pintor y además he escrito 5 libros, 5 obras maestras, jamás traducidos a lengua española hasta hoy… Y justo, cuando por fin un editor español se decide traducirme al español, me acordé de ti. Teclee mi nombre en el buscador de Google y… apareció tu nombre. Y links a www.amachetazo.com. ¡Tengo tres carreras, 5 grandes libros publicados en Italia, dos películas realizadas usando como guion mis libros, y ambas ganaron oscares y no aparezco en el Google! ¡Sólo tú! Leí el libro que pretendes publicar, hable con la amiga tuya esta, Paolat de la Cruz, y la convencí para que no te dijera nada ¡Que maldita basura! También tu blog de amachetazo.com ¡Que pedazo de mierda! ¡Menos mal que toda tu familia y amigos saben que todo lo que dices es cuento o mentira, 50-50! Pero no solo eso ¡Qué vergüenza de ortografía y temática Carlos Fernández! Todos lo que escribes es una mierda, con razón ni los bloggers de tu país quieren saber de ti. ¿Y sabes lo mejor? Qué no puedo utilizar mi nombre como escritor en Republica Dominicana porque la gente lo tiene asociado a ti ¡Un muerto de hambre sin carreras universitarias que sólo sabe escribir sobre si mismo y de su frustración por que la vecina no le hace caso!…Sólo me queda una solución…
De entre las cortinas, surgió un hombre: con una pistola: con un silenciador. Me apuntó en la cabeza: yo comencé a llorar: conozco mi mente. Mi yo, con 55 años, había planeado mi propio asesinato.
-No te mato únicamente para que desocupes mi nombre. Te mato también porque todo lo que has escrito y hecho es una maldita mierda. Sobre todo, quiero que sepas, que me pone muy nervioso el uso indebido que haces de los dos puntos, y demás faltas ortográficas que solo pensarlas me hace sudar.
Sin embargo, antes de que el sicario apretase el gatillo, irrumpió en la habitación otro Carlos Fernández. Este tenía, más o menos, 30 años. Y también llevaba una pistola con silenciador. De dos certeros disparos en la frente de ambos acabó con el Carlos Gabriel Fernández italiano y con el asesino que éste había contratado.
-He de irme –me dijo el Carlos Fernández de 30 años- No te puedo explicar por qué lo mate. Pero, yo tú, no probaría jamás los molondrones mezclado con habichuelas con dulce en tiempos de pascua, pues esa unión, en tu estómago, hace que viajes en el tiempo, hacia el pasado.
Y dicho esto mi Carlos Gabriel Fernández de 30 años salió de la habitación y despareció de mi vida... ¿Para siempre? Sólo el tiempo lo dirá.
domingo, marzo 30, 2008
Mi otro...
Publicado por Gabriel del Gottó en 5:29 PM 9 comentarios Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Cuentos - Minotauros
martes, marzo 25, 2008
La petite mort
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Etiquetas: Cortos
viernes, marzo 21, 2008
Querida asaroza
El otro día Rafa me contaba que sus problemas lo estaban angustiando demasiado. Le dije que algo que yo hago siempre, es que escribo mis problemas en un papel, los leo para mi, y luego los tiro a la basura, como una especie de símbolo espiritual de a donde mando mis problemas.
A Rafa le pareció genial, me dijo que no era escritor, como yo, que no sabía tanto de literatura, pero que haría lo posible.
Pasaron algunos minutos, y Rafa se fue a la sala a escribir su boletín de problemas que le ostigaban tal como yo le pedí que hiciera. Luego de un rato volvió a donde estaba yo sentado con mi computadora y me dijo, -"quiero que lo botes tu, eres mi amigo, mira que gran idea me diste, me harías un honor". Luego de esto se fue a su casa, no se a hacer que clase de diligencia.
La verdad, yo no pude resistir la curiosidad, y leí.
Esto decía:
QUERIDA CRISTINA:
Cuando te conocí pensé que eras una buena muchacha. No un maldito cuero que iba detrás de cualquier rabo. Me hiciste sentir especial y me dijiste:
-Te amo.
Te miraba y me parecías una princesa. Mi reina.
Los momentos de sexo eran geniales. No te importaba mi eyaculación precoz. Lo único que querías es que me viniera dentro de ti. Siempre estabas deseando que te singara más y más. Me hacías dichoso. Feliz.
Nunca te pegue los cuernos. Aunque debí de haberlo hecho. Siempre hay que engañar a tu pareja porque si no, tarde o temprano, te vas a arrepentir. Mi consejo es que hay que pegarles los cuernos sin que se de cuenta todas las veces que puedas, más vale prevenir el día que ella te los vaya a pegar a ti: porque te los va a pegar en algún momento de tu vida. Seguro.
Hoy he llegado tarde de trabajar, agotado y te he visto con un tiguere, en el parque hablando. Pedazo de puta. Maldito cuero del diablo. Me da igual que digas que sólo era un amigo. A las 1 de la máñana no se tienen amigos. Sólo amantes. O amigos que te excitan pero aun no les has dejado que te la metan. O amigos que sólo te han metido la puntita. Mamaguebazo. Maldita asaroza.
Voy a seguir viviendo contigo. Pero a mí ya no me engañas. Eres un maldito cuero como todas. Te voy a pegar tantos cuernos que te va a doler la cabeza. Y si voy a vivir contigo es únicamente porque estás muy buena y me gusta darle envidia a los tigueres que te miran por la calle. Ah y porque no tengo dinero para mudarme solo. Ninguna de estas razones quita el hecho de que sigas siendo un maldito cuero, postdata.
Publicado por Gabriel del Gottó en 3:48 AM 7 comentarios Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Cuentos - Minotauros
miércoles, marzo 19, 2008
Juan Luis Guerra... genio
Me imagino que Juan Luis Guerra leyó casi toda la Biblia para escribir esra canción. Que talento saber combinar todo esto y darle sentido.
> >Tengo un Dios admirable en los cielos (Isaí-as 9, 5)
> >*Y el amor de su Espí-ritu Santo (1 Juan 5, 7-8)
> >*Por su gracia yo soy hombre nuevo (Efesios 4, 22-24)
> >*Y de gozo se llena mi canto (Proverbios 29, 6
> >*De su imagen yo soy un reflejo (Génesis 1, 27 )
> >*Que me lleva por siempre en victoria (1 Corintios 15, 57)
> >*Yahveh me ha hecho cabeza y no cola (Deuteronomio 28, 13-14)
> >*En mi Cristo yo todo lo puedo (Filipenses 4, 13)
> >*Jesús me dijo que me riera (Job 5, 21-23)
> >*Si el enemigo me tienta en la carrera (Hebreos 12, 1)
> >*Y también me dijo, no te mortifiques (Filipenses 4, 6)
> >*Que yo le envío mis avispas para que los piquen ( Deuteronomio 7, 20)
Publicado por Gabriel del Gottó en 2:46 AM 5 comentarios Enlaces a esta entrada
martes, marzo 18, 2008
Para hacer funcionar a las estrellas
Para hacer funcionar a las estrellas es necesario apretar el botón azul.
Las rosas están insoportables en el florero.
¿Por qué me levanto a las tres de la mañana mientras todos duermen? ¿Mi corazón sonámbulo se pone a andar sobre las azoteas detectando los crímenes, investigando el amor?
Tengo todas las páginas para escribir, tengo el silencio, la soledad, el amoroso insomnio; pero sólo hay temblores subterráneos, hojas de angustia que aplasta una serpiente en sombra. No hay nada que decir: es el presagio, sólo el presagio de nuestro nacimiento.
|Jaime Sabines
Publicado por Gabriel del Gottó en 9:56 AM 1 comentarios Enlaces a esta entrada
jueves, marzo 13, 2008
Las tres moscas
La calle marchaba tan lenta como el suero que colgaba en la habitación 254 de la cliniquita que pintada de azul y naranja me guiñaba un ojo desde la esquina. Las ventanas de la pensión doña Mechi, eran como una tienda para vender los colores que el arco iris le había robado a la navidad en el mercado negro. Un perro gris hablaba de Nietzsche con un hidrante que se había vestido con el color que faltaba en el semáforo de la siguiente cuadra. Tres moscas celebraban un menage a trois sobre el pastelito de un mecánico que sentado en un contén bien podría ser protagonista de alguna segunda parte de la película Dumbo, en la cual aquel elefantito se convertiría en un mutante y asesino mamífero de 600 libras que devoraría la especie humana.
Un hombre con un ridículo disfraz de pollo, amarillo y de ojos azules, se abre paso entre aquella acera pintada en tres dimensiones de dantescos paisajes, y con sus algunos cinco pies; nueve pulgadas, va brincando y cantando canciones de amargue de Camarón de la Isla.
En la otra acera, un chofer de guagua publica le grita a un Amet que si se queda en el medio lo aplasta.
Tres palmeras dibujan al oleo un colibrí posándose en ellas. "Tremendo autorretrato" diría yo.
Dos transeúntes conversan mientras cruzan por el lado del hombre vestido de pollo:
-Mi hermano, er embipi va ganar, ¿ute no vio to la obra que ese señor ha contruio?
-Yo no se, pero Amable me puso alante alante con medio puerco.
-No, no, no, er embipi dice que va a bajar la gasolina a dieciocho peso, y va dejar que lo tiguere beban ata la hora que quieran.
Del otro lado, un limpiabotas lustra con un baile, medio hip-hop, medio zamba, medio ballet, medio bachata y medio no se que, la imaginación de una estudiante que camina hacia su escuela con la mochila llena de ropa sucia, libros sin paginas, iluciones sin destino y una paleta en las manos estilo Winnie The Pooh. Ninguno de los dos se percata cuando un fanático de la lucha libre, es engullido por la tierra, la cual se abre y cierra en menos de dos segundos, mientras este caminaba detrás de un vendedor de películas pirateadas.
Cierro mis manos, miro al suelo, llega a mi mente la licencia de conducir de una de mis neuronas y me preguntó: ¿alguien conocerá en que punto se divide la realidad de la ficción en este país?
El loco del disfraz de pollo ahora canta a gritos una canción esotérica de José-José. El mecánico con forma de manatí monocromatico, ahora dibuja con su dedo índice la replica de un Rembrandt en alguna de sus muelas derechas. Las gotas que se filtran desde la segunda planta de la pensión doña Mechi, ahora hacen estragos sobre la pintura que una de las palmeras puso a secar. Despúes de todo, todo sigue igual, todo sigue fluyendo tan, pero tan lento como el suero que cuelga en la habitación 254, de aquella cliniquita que pintada de azul y naranja, ahora no hace nada más que sonreirme.
Ilustración: Nox de Pagani
Publicado por Gabriel del Gottó en 3:26 PM 9 comentarios Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Cuentos - Minotauros
La verdadera ruta natural
Pienso que la manera en que fluye la vida está mal. Está totalmente desproporcional a lo que debería ser. No dudo que Dios tenga todo bien pensado, pero bajo mi opinión personal, debería ser todo al revés: Uno debería morir primero para salir de eso de una vez. La gravedad debería empezar a tomar otro rumbo.
Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí.
Entonces empiezas a trabajar, trabajar por cuarenta años, cuarenta años de andar de aquí para allá con un trabajo que odias para comprar mierda que no necesitas, hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación.
Luego fiestas, parrandas, alcohol. Es en esta época cuando tu corazón se vuelve sonámbulo y empieza a vagar por las azoteas en las noches, buscando crímenes perfectos, detectando y depurando la palabra amor y así sigues, entre diversión, amantes, novios, novias, adioses hace tiempo, besos olvidados, caricias compartidas y sueños equivocados, hasta romper la calle; todo, hasta que estés listo para entrar a la secundaria...
Después pasas a la primaria y eres un niñ@ que se la pasa jugando sin responsabilidades de ningún tipo...
Luego pasas a ser un bebé, y vas de nuevo al vientre materno, y pasas ahí los mejores y últimos 9 meses de tu vida flotando en un líquido tibio, hasta que al final, tu vida se apaga en un tremendo orgasmo…
¿No es mejor mi forma?
La verdad, se las digo:
¡ESO SÍ ES VIDA!
Publicado por Gabriel del Gottó en 11:33 AM 5 comentarios Enlaces a esta entrada
Y después de ser robado, compras un candado...
Primero se llevaron a los comunistas pero a mi no me importó porque yo no era.
En seguida se llevaron a unos obreros pero a mi no me importó porque yo tampoco era.
Después detuvieron a los sindicalistas pero a mi no me importó porque yo no soy sindicalista.
Luego apresaron a unos curas pero como yo no soy religioso tampoco me importó.
Ahora me llevan a mi pero ya es tarde.
BERTOLD BRECHT
|Via: Martin Diaz Bello
Publicado por Gabriel del Gottó en 10:59 AM 1 comentarios Enlaces a esta entrada
martes, marzo 04, 2008
Sin ti me volvería...
Publicado por Gabriel del Gottó en 9:58 PM 0 comentarios Enlaces a esta entrada