lunes, abril 28, 2008

Las dos Marias

El puente que a lejos se divisaba, era como un acordeón roto que tocaba su último merengue de la noche. La lluvia se había llevado a las gentes y a los perros realengos, y a pesar del olor a aceite quemado que despedía la cocina del restauran donde María se había quedado a cobijarse contra la lluvia, aun así sentía que las cosas ese día se pondrían mejores.

“Hola bello, echa pa acá papi, vamos a hablar”
“¡Maldito tiguere que esta bueno!, ven pa acá, pa sacártela todita papi

Nadie ni nada, se disponía a hacerle compañía.
Suspiró.

De pie en aquella puerta, María decidió entonces empezar a caminar entre las aceras mal tramadas y las bolsas vacías que dejaron tiradas los perros vira-latas con restos de espaguetis mal cocinados, buscándose un destino; no sin antes recordar lo que le había dicho la Susana de caminar con los pechos erguidos, las nalgas levantadas y tratando de estirar a cada paso las piernas lo mas posible.
Un poco más adelante, del otro lado de las casas y edificios enmarañados, las luces de la ciudad empezaban a encenderse. Empezaba la noche y respirando el aroma a melancolía de su ropa húmeda, María se detuvo por un momento para perderse entre las paredes de su mente, y divisar la fotografía colgada en la parte de atrás de uno de sus párpados, donde a cada paso podía ver nueva vez la cara de su príncipe azul en su corsel 115 de la Yamaha.
Encendió un cigarro y sonrió, sin creerse a si misma de verdad, como una niña a la que una caricatura salida de un periódico cualquiera, le relataba un cuento tan maravilloso, que no podía dejar de creer.

Volvió a acariciarse la rizada peluca rojiza que cubría su cabeza, tratando de peinar cada rizo a manera de espiral, con toda la paciencia y la calma que le exigían sus largas uñas.

Volvió a sentir hambre y recordó que tenía algunas galletas en la cartera. Pero al no querer estropear el maquillaje de su boca y sus mejillas, que tantos horrores le había costado ponerse, se obligo a caminar, para olvidar el hambre y a los policías que hasta fin de mes tendría encima, pidiéndole que trabajara mas, para pagar los impuestos que ellos mismos le habían impuesto para protegerla de ellos mismos.
Acercándose al borde de las aceras para sonreír a los carros que pasaban por aquella avenida y tratando de enseñarles las tetas, las caderas y las nalgas, trato nueva vez de encontrar la forma de rehacer su noche.
Pero nada, nadie, y sin dinero para probar suerte en los bares donde todavía le dejaban entrar, María nueva vez sentía aquel erizo en su garganta torturandola junto a la miseria, que se escondía en el lado izquierdo de su pecho.

Era la noche, después casi como indocumentada, fue la madrugada y aquella ciudad, donde los ricos viven en mansiones y los pobres mueren en sus miserias, de ella no se apartaba. María, ya sin hambre, casi sin esperanzas continuaba caminando sobre el dolor de sus ampollas convertidas en pezuñas por sus tacones de alfiler.
Nueva vez, se repetían los diálogos breves con los hombres que pasaban, todos y cada uno puestos en procesión como ganado, y todos y cada uno aumentaban cada vez mas su asco.
-Hola mi amor... y tú ¿vives por aquí?
-Va de ahí, mamagüevo
-Y orgullosa, y también me lo puedes mamar a mi si quieres

La luz sobria y limpia amenazaba llegar desde el malecón y las otras se iban apagando. Subió las escaleras tratando de no pensar que pasaría el día de mañana para no toparse con el.
Abrió la puerta embarrada de un sucio color blanco y sintió la frescura vaporosa de aquel cuarto.
–Y a ti ¿cómo te fue?
–La mima mierda de siempre.

María dirigió su rostro al piso con un largo suspiro y tratando de escapar a uno de esos silencios incómodos que preceden la negatividad dijo:
–Tengo un hambre del diablo. Nosotro teníamo un pedazo e salami en la nevera, ve a ver si no se daño... yo creo que quedó pan del desayuno también.

Aquel muchacho, mulato y de ojos tristes, se levantó de la cama y se puso a revolver la despensa, asintiendo con la cabeza otro suspiro de algunos segundos y diciéndole con voz de violonchelo:
–¿Ni un besito, me vas a dar?
–Ahora... tate quieto, mi amor.

Frente al espejo María se quitó la peluca y se acarició la frente, buscando las sobras que el sudor había dejado de su maquillaje.
–Otra ve balbua... que maldita vaina.
Después se desnudó y mirando su ombligo cubierto por los tocones de pelos venideros y sus senos hinchadas con silicona, predijo consiente y con algo de resignación, como su sexo colgaría tembloroso e inútil hasta después del salami y el pan que permanecían obsoletos, observandola desde la cocina.

sábado, abril 26, 2008

Dentro

Viajo entre mil paredes y miles de retratos, encallados entre estos muros.
Un carro provisto de un aliento tan insecticida y bizarro como estas luces tenues que cubren mi cuarto, me conduce a toda velocidad sobre mi cama y escritorio, sobre mis venas y mis demonios. Mientras, por la ventanilla, desde el asiento de atrás, observo el transcurrir de los días, junto a este chofer que no conozco que me conduce en este circulo vicioso que tanto conozco.

-¿Cuándo llegaremos?
-¿Dónde estarás?
-¿Quién a esta hora estará al lado tuyo?
-¿A dónde me lleva esto?

Escucho el motor rugir como las explosiones intestinales del universo y así mismo, logro dejarme llevar, consciente de que mi cuarto es un agujero negro que lo quiere engullir todo; ese todo que existe a mí alrededor y que se presenta como un rasguño de cielo y esperazas rotas.

De repente sin más que esperar, el conductor se detiene entre las aceras que forman el polvo diluido y sin pronunciar una sola palabra, ni permitirme ver su rostro, extrae unas alas falsas de plástico de su guantera y desaparece volando por una de las grietas de mi techo.

Todo se ha detenido a mi alrededor. Yo permanezco allí atrás, sin moverme, en silencio.

Entonces decide uno de mis suspiros en un movimiento, y decido salir, y me siento en el asiento del conductor. Las llaves están puestas.
Desde el techo, aleteando sin demasiada destreza, observo como el carro arranca cambiando su dirección, a trompicones, y como se aleja hasta desaparecer.
Mi sonrisa abre la puerta de mi cuarto y sale por fin al mundo exterior, presentándome con la cortesía de una prostituta a las 5 de la mañana que aun no ha conseguido clientela, y vuela despavorido como catapulta, invencible.

martes, abril 22, 2008

Dejad que los niños se acerquen a mí...

Pienso que varias cucharadas de soledad y de conversar con uno mismo, aunque esto signifique que alguien pase y nos mire con cara de "este tipo esta loco", es algo muy necesario al día, para no olvidarnos de quienes somos, para podernos reconocer a la mañana siguiente ante el espejo. Para que nos sigan conociendo los demás.

Hay un truco muy simple que nos puede ayudar a esto, recuperar una foto de cuando éramos niños y buscarnos en ella, es algo que nos ayudará a comprender en que momento de nuestra vida nos encontramos, si somos la persona que deseábamos ser o si llevamos la vida que soñábamos entonces.

En mi caso, me aferré siempre a la niñez. No he renunciado ni un solo día a la imaginación, al carácter positivo, no le he cerrado la puerta a mi mundo interior y he buscado escondites a la inocencia, inclusive muchas veces enfrentando la posibilidad de depurar la palabra amor, me sacrificado tratando siempre de mantenerlo intacto; es por ello que la libertad ficticia de este mundo blanco y negro que cada día trato de colorear pidiéndole ayuda a la gente que me quiere, muchas veces me ha sacudido de lo lindo.

Si no tienes tiempo para vivir, para ser feliz, te aconsejo que dejes inmediatamente lo que estás haciendo, porque sea lo que sea estás perdiendo el tiempo, amigo o amiga.
Despídete de tu jefe aunque tu jefe seas tú mismo, abandona el trabajo, olvídate del maletín, cierra la agenda y corre. Cambia inmediatamente de vida porque te aseguro que eso no es vida, no lo dejes para luego porque luego siempre es demasiado tarde, tú lo sabes, antes de que te des cuenta te habrá llegado el estrés, el mal humor, el infarto, la angina de pecho, la úlcera de dúodeno, la impotencia.

De eso se trata este corto, por eso he querido compartirlo con ustedes, no vayan a creer que me estoy creyendo pastor para sermonearlos, lo que me sucede es que, me he quedado con la terrible reflexión de sí abre cuidado bien a ese niño de cabello castaño y camiseta roja, que sigue amando el rojo, que ustedes ven en esa foto y que hoy, ya le lleva algunos casi 18 años.

Repitan, como yo, veánlo, dedíquenle, por favor, tres minutos a este bonito cortometraje.

Entrevista con Samir Saba, en La Nota Diferente

jueves, abril 17, 2008

Diario de un Salmo

“El Señor es mi pastor; nada me faltará...”

Sobrevuelo sobre la hierba verde, sobre los ríos, sobre los campos en que antes me soñé despierto. El menú de mi cena hoy es abundante, tengo platos desechables embarrados con espaguetis y algunas sobras de arroz con gandules; tengo hierba suficiente. Esta tarde llovió, así que tengo tanta agua como quiera para lavar mi crin.

La mazamorra que tenia en la pezuña, paulatinamente se me ha ido curando con una pomada que el patrón me unto el otro día.

“En lugares de delicados pastos me hará descansar...”

Aquí las cosas, cada día van de mal en peor, ya ni siquiera recuerdo como se relincha, mis horas libres y felices son cuando cae el sol, que puedo trotar libre por todo el espacio de la finca de los amos. Solo dos cosas perturban la miserable paz que he recogido por migajas de la monotonía: ese hijo de la gran puta obrero que el patrón trajo a cuidarme, que solo sabe darme golpes; y ese hijo de la gran puta sol que cada día me tiene mas y mas odio, whatever that means.

Hoy el patrón se ha levantado temprano.

“Junto a aguas de reposo me pastoreará.”

El ridículo del obrero, me ha echado varias cubetas encima de un agua friísima, y una espuma que me ha hecho arder los ojos. Maricón, se esta ganando que le cague en la cabeza.

“Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.”

Me han hecho subirme a una de esas maquinas endemoniadas, que pasan a velocidad infernal por mi lado cuando troto por el camino de piedra, llevando humanos dentro. He sentido durante largo rato como tiembla el piso donde tengo mis patas, he pasado toda la tarde con las nalgas al sol, y créanme no es agradable, sobre todo cuando sufres de flatulencia. Y al abrirse de nuevo la puerta de esta “welcome to machine”, me han soltado en un nuevo campo, parece que quieren que yo coma mas y mas.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.”

Que ironía, yo que pensé que este seria un mal día, pero ahora, al pasar un día en este lugar, lejos de casa, siento que las cosas están cambiando para mejorar, ya no quiero que me conviertan en salami o que me vuelvan carne de chimichurri, ahora siento que quiero vivir nueva vez, quiero tener potrillos, quiero conocer alguna hermosa yegua... en la vieja finca, no hubo nunca otro de mi especie, pero aquí veo bastantes. Al fin creo que he encontrado mi lugar.

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”

Llevo, ya 3 meses aquí, no se que ha pasado con mi patrón, nunca lo he vuelto a ver, todos los días me atan una carreta llena de plátanos que me cuesta horrores halar, no tengo ningún campo, mas que un rincón del parque de una universidad donde me atan las patas traseras para que no pueda correr, el sol aquí es abominable, los humanos dentro de sus maquinas de acero gritan maldiciones a mi lentitud... aunque cago en contra brisa para que me dejen de molestar, creo que esto los enoja aun mas. Ya no me hacen arrastrar carretas con turistas baratos cargando prostitutas baratas por el malecón, parece que me consideran viejo para eso; mejor así.
No dejo de escuchar la voz de mi único y verdadero patrón, cuando se sentaba bajo las palmeras a leerme con su libro, y la verdad cada palabra, el dolor de no oírlas de el, de no tener mi campo para correr, para volar sobre él, el siempre tener sed y ganas de cagar... me tortura, me destroza, hace que las zanjas de mi espalda se abran cada vez mas y mas. Cada una de las vértebras de mi espalda nadan hacia arriba tratando de escapar. A veces quisiera meterme en frente de la maquina mas grande y rápida que encuentre, a ver si de una vez por todas lo dejo de escuchar.

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días”

Mátenme por favor...

lunes, abril 14, 2008

Doll Face


Gracias inmensas: Iván Sainz-Pardo

jueves, abril 10, 2008

El padre Azcarate y la fuentecita de su iglesia

El padre Azcarate bajo de su bicicleta cuando ya sus rodillas se negaban a continuar con ese circulo vicioso de movimientos en plena calle empinada. Suspiró el oxigeno hecho vapor por el sol, soñando con un invierno en Pamplona. –“Hoy es un día perfecto” dijo en voz baja para si mismo, tratando de llenarse con el optimismo de un Job luego de ser castigado por Dios. -“¿Con este calor?, quizá para los demonios acostumbrados a la lava ardiente del infierno”, replicó una voz burlona encerrada en su cráneo, que hizo que el padre Azcarate mirara hacia todos lados, buscando avergonzado aquello que no sabía bien, si dijo o penso.

Decidido, el padre Azcarate continúo su camino, deteniéndose cada media cuadra para respirar con la boca entreabierta y diciéndose que debía dejar de fumar.

-“Trujillo en la tierra y ei cielo Dio” –grito un jornalero al cruzar por el lado del padre.
-“Iros a tomar por culo, tu y Trujillo”, escucho el padre Azcarate que decía nueva vez su vocecilla interna.
Esta vez no prestó mucha atención ni a la vocecilla ni a lo sucedido y se apresuro a continuar su camino, cargando consigo la pequeña maleta que algún día fue negra y hoy se decide por un púrpura y que contiene lo necesario para salvar las almas que están a punto de abandonar el cuerpo y huir de una vez y por todas de esta podredumbre. El padre Azcarate no escuchaba nada al rededor, ni pajaros, ni animales, ni gente, ni nadie cargando cruces o cantando alabanzas o rezando, salvo él mismo, quien durante cada descanso, rezaba por el alma por la que debía ir a abogar.

Andrés, quien ya había cumplido 19 años, y era su monaguillo desde los 14, ahora sucumbía de fiebre y un fuerte golpe que hacía algunas semanas se había dado en la cabeza al tratar de tumbar algunos mangos de la finca de don Luis Manuel Tejeda Castillo.

Al llegar, la pequeña casa pintada de un sucio azul cielo estaba emparedada por dos grandes árboles de aguacates, y se abría al camino de tierra dura por una estrecha y hostil puerta.

Le abrió una señora mulata y robusta de años indiscernibles, con alpargatas y unos pantalones salta-charcos que la hacían lucir como el dibujo equivocado de la caricatura. Se persignó y dijo:
– ¡Gracia a Dio ute vino padre!, venga poi aquí, hágame ei favoi.
El padre Azcarate sintió la frescura de aquella pequeña casa y casi olvidó el sol embravecido que seguía disgustado con aquella tierra de calles mal tramadas.
Ahora estaba de pie en una habitación que solo contaba con una cama y una mesa de patas cojas. En la cama su fiel monaguillo, Andrés, quien se retorcía y desvaríaba de la risa al llanto en cuestión de segundos, y que pasaba de su habitual voz aguda y baja, a una voz estremecedoramente grave y alta... Después, estos arranques fueron decidiendose en murmullos y más tarde llegaron a ser palabras; frases incomprensibles que atravesaban el silencio, la momentánea quietud del sol, que buscaba llegar a las sombras que se habían aproximado.

Tanto el padre Azcarate y la mujer dejaron a flote un silencio ensordecedor y una quietud de gemidos tartamudos, observando aquella escena. De repente, el monaguillo Andrés se decidia a levantar la cabeza, al notar la presencia del padre Azcarate, para al fin arrojar palabras y gritar esa confesión sofocada que antesede a la muerte:

-"Dede lo once año yo me pajeo to lo día, casi siempre brechando a la mujei de Maitin Nuñé o a mi mamá, otra vece pongo a Trinidá, mi primita, a que me pajee, mientra me deja chupaile una teta, y lasotra le meto ei caño ai cirio de la iglesia poi un boquete que le hice".
La madre indignada y aterrorizada de la vergüenza se apartó de la pared, dijo no con el código Morse que despedían sus gemidos y avanzó una mano hacia la boca de su hijo, pero el cura la detuvo y le susurró:
-"Deja mujer, que hable cuantas mentiras quiera y se desahogue, Dios sabe la verdad de todas las cosas, el juzga y obra".

El padre, el cual en aquel entonces llevaba mas tiempo del que debería todo hombre culto en aquel pueblucho olvidado tal vez quiso enterarse de algo mas para remover el polvo de sus neuronas, dejado por la escasez de radios o televisores de aquel entonces, y le dijo: “Hijo mío, es la vida, Dios escucha tus pecados y esta feliz de que estés arrepentido”.

El monaguillo Andrés volvió a dilatar las pupilas buscando alguna esquina perdida del techo, y volvió a reír y a llorar sin lagrimas ni sentimientos, como si las lagrimas y las risas desubicadas y fuera de control fuese la banda sonora de una película equivocada.

-Padre e que cuando yo ya taba jaito de pajiaime así, hice una teinica que e como pajiaise en ei cielo, y consité con que ute agarra un limon, lo coita poi la mitá, se lo etruja en la cara y se pone a pensai en Trujillo en ei palacio, encuero pero con una semilla en ve de tenei güevo, y depúe ute agarra y para la repiración poi un ratico y como poi aite de magica, aparece un doble suyo de ninguna paite, y cuando ese aparece ute puede cojei y decile que lo pajee ei a ute, y mamaile ei guebo, y meteiselo poi ei culo. Eso no e pajareria no, poique eso e como pajiaise, poique ute se lo ta haciendo a ute mimo, a su doble, que e ute, ¿veida?.

De inmediato, el padre Azcarate asintió con la cabeza, luego de un largo suspiro, y comprendio que aquel muchacho no estaba moribundo sino loco y que aquella pobre mujer, quien creía era su madre, sufría todo aquello como si cada día este muriera una y otra vez.

El padre prefirió pensar equivocarse, y le impuso de tarea algunos padrenuestros y avesmarías. No lo pensó dos veces antes de irse de allí, y retomar su bicicleta que ahora lo esperaba frente a una bajada para, gracias a Dios, -como se habría dicho el padre-, llegar lo mas rápido posible a la iglesia para lavarse el asco que desde esa tarde el entendía lo acompañaria para toda la vida, sin que antes de salir de aquella habitación escuchara gritar al muchacho de nuevo: -“No vemo la semana que viene padre, cuando me te poi voive a morí, que le vua contai que hice con la fuente de la iglesia”.

El padre salio apresurado de la casa, bajo la colina que antes se había propuesto y al llegar a la iglesia recordó, que en aquella iglesia jamás hubo fuente alguna.